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La evidencia clínica revela que el paciente neonato mejora considerablemente su estado físico gracias a la humanización de los cuidados que se realizan durante su estancia en la UCI
El bebé neonato ingresado en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) es un paciente muy complejo para un abordaje multidisciplinar (médico y de enfermería) óptimo. Los bebés neonatos de 24 semanas son pacientes que experimentan la máxima manipulación durante su ingreso. Además, presentan una necesidad latente de aproximación humana. La diferencia ambiental entre el medio intrauterino y el ambiente de la UCI neonatal afecta de manera negativa al desarrollo del recién nacido.
La evidencia clínica pone de manifiesto la necesidad de modificar el ambiente para cubrir las necesidades del bebé neonato y de su familia en las unidades de neonatología. Estas prácticas se basan en la reducción de la manipulación del neonato, evitar la sobreexposición a la luz y el ruido, mejorar las posturas del niño en la incubadora, alargar los periodos de descanso y modificar los estímulos externos.
Estas técnicas, sumadas a los cuidados médicos, permiten un estado más organizado y tranquilo del niño, de modo que es capaz de demostrar una conducta motora más competente. Todo ello se recoge en el programa NIDCAP y el método canguro, que establecen un plan de cuidados centrados en el desarrollo, cuyos resultados han conseguido mejorar la función cerebral del neonato, disminuir los días de asistencia respiratoria y optimizar el desarrollo neurológico del bebé. (+)
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